Si algo caracteriza al verano son las altas temperaturas; el intenso calor invita a acudir a piscinas y a playas, a buscar la sombra y a consumir bebidas frías, todo para refrescarnos. Este instinto natural nace de la necesidad del propio organismo de mantener unos niveles de temperatura adecuados para su correcto funcionamiento, y es que el calor intenso puede poner en grave riesgo nuestra salud en verano.

Las altas temperaturas y su impacto en el organismo

Nuestro cuerpo para realizar todas sus funciones de forma correcta necesita de una temperatura estable de entre 36 y 37,5 grados. Así el organismo es capaz de realizar todas las funciones metabólicas de manera óptima y los órganos trabajan adecuadamente. ¿Pero qué sucede cuando el cuerpo se calienta por encima de los 39º?

Por suerte, contamos con un sistema de seguridad llamado termoregulación. Una alta temperatura corporal provoca un gran estrés térmico que puede desembocar en graves problemas para nuestra salud. Por ello, para bajar la temperatura a niveles seguros se activan mecanismos que disipan el calor.

La producción de sudor aumenta y este al evaporarse sobre la piel permite refrescar el cuerpo y alcanzar la temperatura adecuada. Es crucial, por tanto, que nos hidratemos bien tomando abundante agua y reponiendo sales minerales. Por otro lado, aumenta también el flujo sanguíneo hacia la piel, es decir, hacia el exterior. Se produce una vasodilatación y la sangre caliente al pasar por las capas más externas de nuestro cuerpo se enfría por el efecto antes mencionado de la transpiración.

En qué se ve afectada la salud en verano

 

Por lo general estos mecanismos son suficientes para eliminar el exceso de calor con facilidad, pero en ocasiones se da un ambiente demasiado caluroso y unas condiciones extremas que no permiten que el cuerpo se enfríe. Es entonces cuando se produce una serie de trastornos más o menos graves que ponen en riesgo nuestra salud. Algunos de ellos son:

– Dolores de cabeza e insomnio. Con el calor se desajustan los ritmos biológicos y aumentan las cefaleas. Además, se alteran los ciclos de vigilia y sueño pues nuestro hipotálamo se guía por estímulos externos como la luz y la temperatura para saber cuándo es la hora de dormir. Así, nos cuesta más conciliar el sueño y con frecuencia nos acabamos despertando a lo largo de la noche.

– Deshidratación. El agotamiento por deshidratación se produce por una pérdida excesiva de líquidos y electrolitos, lo que provoca una disfunción del sistema nervioso central. Los síntomas incluyen fatiga, calambres y debilidad muscular, confusión y mareo, y en última instancia la pérdida de la conciencia.

– Golpe de calor o insolación. Se trata de un problema grave que incluso puede acabar en muerte. La temperatura corporal supera los 40,5ºC y el cuerpo es incapaz de regularla, lo que provoca un daño en las estructuras celulares. Se presentan náuseas o vómitos y la piel aparece enrojecida, caliente y seca; el ritmo cardíaco se acelera y pueden producirse desmayos y convulsiones. Se requerirá de atención médica inmediata.

Grupos de riesgo

Algunas personas son más propensas que otras a este tipo de problemas. Deberán tener especial cuidado frente a las altas temperaturas:

– Las personas mayores, sobre todo aquellos que superen los 65 años.
– Los niños pequeños y bebés.
– Las personas con enfermedades cardiovasculares o enfermedades crónicas como la hipertensión o la diabetes.
– Mujeres embarazadas.

Consejos para la salud en verano

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Para prevenir cualquier problema grave y cuidar tu salud en verano sigue estos 5 consejos:

  1. No esperes a tener sed. La sed es un síntoma temprano de deshidratación por lo que se recomienda ingerir algún líquido cada cierto tiempo. Las bebidas como el gazpacho o los zumos naturales son especialmente útiles pues ayudan a reponer sales minerales que se pierden con el sudor.
  2. Evita la actividad física en las horas centrales del día. Entre las 12 del mediodía y las 16 de la tarde el sol incide de forma directa, y además de sufrir por el calor podremos quemarnos si no usamos protección solar adecuada.
  3. Busca la sombra cuando estés fuera de casa y viste ropa ligera y de tonos claros. También es recomendable proteger la cabeza con sombrero o gorra y usar cremas solares.
  4. Para aliviar el calor podemos mojarnos las muñecas, el cuello y la nuca. En estas zonas los vasos sanguíneos están más expuestos por lo que refrescaremos la sangre que circula por todo el cuerpo.
  5. Por último, opta por una dieta ligera a base de frutas y verduras y evita comidas copiosas o excesivamente grasas. Modera el consumo de alcohol y refrescos ya que favorecen la deshidratación.

 

Cuidar de la salud en verano implica protegernos del sol y combatir el calor. Con frecuencia, se habla del riesgo de resfriados e infecciones en invierno y por lo general estamos más concienciados en protegernos del frío que del calor. Sin embargo, el verano también tiene sus riesgos y debemos ser conscientes de ellos si queremos disfrutar de forma saludable y sin preocupaciones de todo lo bueno que nos ofrece.


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