Introducción

Los deberes que nuestros hijos traen del colegio siempre están en el punto de mira. ¿Son demasiados? ¿Son pocos? ¿Tengo que hacerlos con él? Las preguntas que surgen al respecto son innumerables.

La maternidad se complica, parece, según nuestros hijos van creciendo. Las dudas que nos asaltan a los padres son cientos todos los años. Sin embargo, los expertos son claros al respecto: acompañar sin agobiar.

¿Por qué no hacer los deberes con ellos?

En realidad, es muy lógico. Si queremos que nuestros hijos aprendan a atarse los cordones, no podemos atárselos nosotros. Tenemos que dejar que lo intenten y, simplemente, guiarles y corregirles cuando sea necesario. Con los deberes sucede algo similar. Nuestro rol ha de orientarse más hacia al acompañamiento que hacia la ayuda directa. 

Además, hay algunos expertos que incluso afirman que ayudar a nuestros hijos a realizar los deberes puede generarles dependencia. Es decir, llegará un momento en el que serán incapaces de realizar sus tareas diarias sin nuestra ayuda. Y lo que buscamos es precisamente lo contrario: fomentar su autonomía.

Nuestra labor

Como padres, nuestra labor ha de estar orientada más hacia la organización y puesta en marcha de la actividad. Es decir, hemos de ayudar a nuestro hijo a planificar el tiempo que va a emplear, por qué tareas va a empezar, por cuáles va a terminar, cuánto tiempo va a dedicarle, cuándo establecerá los descansos y de cuánta duración serán.

Un buen consejo es prever con antelación los exámenes que estén a la vista para ir gestionando el estudio de las lecciones, así como revisar con él las tareas, pero una vez finalizadas.

¿Y si se equivoca?

En el caso de que nuestro hijo cometa errores, que lo hará, la solución no es darle la respuesta correcta sin más. Hemos de incentivar a que él mismo encuentre la respuesta por sí mismo. De esta forma, estaremos fomentando su autonomía y rendimiento escolar.

Los niños han de ir desarrollando por sí mismos estas capacidades de pensamiento lógico, razonamiento y autocorrección. Dichas habilidades repercutirán luego de forma muy positiva en su rendimiento escolar, ya que el estudiante será así cada vez más autónomo e independiente a la hora de solucionar los problemas con que se enfrente.

Aparte, permitir que se equivoquen favorecerá que se les pueda enseñar dónde está su error, ayudándoles a encontrar dónde están fallando y explicándoles el motivo por el que están equivocados. Esto siempre será más positivo que simplemente limitarnos a indicarles la respuesta correcta.

El lugar de estudio

Los expertos recomiendan que el lugar de estudio sea siempre el mismo. A poder ser, que esté ubicado en un ambiente relajado y silencioso, con buena iluminación y en el que el niño tenga acceso a todo lo que necesite, como pueden ser las fuentes de información, el material, etcétera.

Lo ideal para fomentar aún más la autonomía de nuestros hijos es que este lugar esté en su propia habitación. En función de la tarea y de la edad, puede ser también una buena idea que hagan sus deberes en la biblioteca o en un centro de estudios.

A qué edad empezar a ayudarles

No hay una edad determinada para comenzar, pero siempre es bueno interesarnos y preguntar a nuestros hijos por lo que han realizado en el colegio y por los deberes que traen a casa, no solo durante la etapa de infantil y primaria, sino también durante su paso por la educación secundaria.

No obstante, cuanto antes empecemos a trabajar en estos hábitos sobre ellos, antes podrán asimilarlos y aplicarlos durante su formación académica. Además, nos será más fácil transmitirles el gusto por realizar sus tareas.

Mejora en el rendimiento académico

Diferentes estudios indican que los niños cuyos padres leen con ellos, se interesan más por sus clases, les preguntan por ellas y confían en sus capacidades, responden obteniendo mejores resultados académicos.

En cambio, ayudarles de forma directa con sus tareas no está relacionado con un mejor rendimiento, ya que realmente solo los niños con unas necesidades educativas especiales necesitan de este refuerzo por parte de sus progenitores.

Además, la influencia de los padres tiene un mejor resultado en los últimos cursos de su formación obligatoria.

¿Son necesarios los deberes?

Es algo que siempre nos preguntamos los padres. De hecho, se han realizado varias recogidas de firmas y acciones para reducir la cantidad de deberes que los niños traen a casa después del horario lectivo. Sin embargo, como casi todo, esto tiene sus luces y sus sombras.

Ventajas

- Ayudan a reforzar los conocimientos adquiridos en clase.

- Favorecen que dichos conocimientos se almacenen en la memoria de nuestros hijos.

- Fomentan la independencia y el sentido de la responsabilidad.

Desventajas

- Reducen el tiempo libre disponible para realizar otras actividades.

- Pueden generar una pérdida de interés por aprender, frente a una simple búsqueda de la respuesta adecuada en ese momento.

- A veces, pueden ocasionar frustración en los niños con dificultades para realizarlos.

Niños con dificultades para el aprendizaje

Son muchos, no obstante, los niños que tienen dificultades a la hora de aprender. ¿Qué hacemos con ellos? Los expertos son claros. Debemos alentarles a realizar tareas menos complejas, que puedan completar con relativa facilidad por sí solos. De esta forma, irán ganando confianza en ellos mismos y, progresivamente, irán realizando tareas cada vez más complejas.

No hemos de olvidar que, aun así, estos niños suelen sentir aún más la presión y el estrés de los trabajos, los deberes diarios y los exámenes. Hemos de tener con ellos una especial atención y acompañamiento, sin olvidarnos de fomentar y reforzar su autonomía y su propia capacidad para esforzarse y realizar con éxito sus tareas.

Ante cualquier duda o complicación debemos acudir a la consulta de nuestro seguro médico o a nuestro pediatra de la seguridad social. Él podrá aconsejarnos sobre qué medidas podemos tomar de cara a ayudar a nuestro hijo.

Conclusión

Si queremos ayudar a nuestros hijos con sus deberes, debemos centrarnos en acompañarles sin interferir en ellos, es decir, dándoles el espacio suficiente para que desarrollen sus propias habilidades.

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