El aparato digestivo es, sin duda, uno de los sistemas más relevantes de nuestro cuerpo. Por consiguiente, su correcto funcionamiento resulta fundamental para llevar un día a día sin inconvenientes.

A continuación, repasamos algunas claves para garantizar su buen estado y que no nos genere molestias ni otras disfunciones.

La importancia del aparato digestivo en la salud

El sistema digestivo es, junto al circulatorio, el respiratorio y el nervioso, uno de los más necesarios para asegurar una existencia sin enfermedades. No en vano, forman parte de él numerosos órganos con distintas funciones, tales como los riñones, el páncreas o los intestinos. Se trata del aparato más extenso de nuestro cuerpo, puesto que discurre desde nuestra boca hasta el tronco. Limita con la zona en la que empiezan las extremidades inferiores.

La digestión tiene que ver con diversas etapas esenciales de nuestra alimentación. De la comida que ingerimos, captamos nuestros nutrientes. Pero, mientras estos son filtrados en los órganos básicos de nuestro cuerpo, otras partes de estos alimentos no tienen ninguna finalidad en nuestro organismo y deben ser expulsadas de él.

El proceso digestivo arranca con la masticación en la boca y finaliza con la expulsión de las heces y la orina. Así, el complejo sistema que permite desarrollar las funciones del organismo citadas ha de ser cuidado con grandes precauciones.

Consejos para el bienestar digestivo

El bienestar digestivo no está garantizado, puesto que puede sufrir trastornos. Por lo general, estos están asociados a la nutrición y los hábitos vitales. Ambas cuestiones se encuentran relacionadas.

Si no seguimos una dieta completa y equilibrada, con la presencia compensada de todo tipo de nutrientes, hay más posibilidades de impedir que la digestión se resienta. Aparte, los ritmos de ingestión, las cantidades y sus horarios, así como el estrés o el nerviosismo con el que se afronten las comidas, también van a influir en cómo se metabolicen los alimentos.

La problemática no radica solo en qué alimentos tomamos, sino también en cómo los ingerimos. Algunas de las nuevas costumbres de nuestro día a día, asociadas a un excesivo dinamismo de la vida en las grandes ciudades, son muy perjudiciales para los procesos digestivos. Tengamos en cuenta que pueden alterar sus secuencias recomendables.

El sedentarismo, asociado a los estilos de vida en los que no se hace el ejercicio físico suficiente, también va a influir poderosamente. Entre los inconvenientes que una mala organización de las digestiones conlleva destacamos, entre otros, la acidez, el reflujo, la pesadez, el estreñimiento y la diarrea.

En las siguientes líneas, presentamos una lista de 10 sugerencias para evitar tener que pasar por estas complicaciones.

1. Que no falte el aceite de oliva

Tomar dos cucharadas de este alimento ya nos aporta el 60 % de vitamina E que necesitamos cada día, por lo que reduce los efectos naturales del envejecimiento. Su ácido oleico es bueno para el páncreas y contribuye a la absorción de los minerales de un modo óptimo. Asimismo, ayuda a la disminución de la acidez estomacal y hemos de destacar sus efectos laxantes y antiinflamatorios.

2. Vale la pena consumir fibra

Este componente de los vegetales, en especial la fibra insoluble, permite una mayor retención acuosa en el extremo del intestino grueso. Por lo tanto, sirve para ablandar las heces, lo que hace que puedan ser expulsadas con más facilidad. 30 g al día es la cantidad que aconsejamos.

3. Las frutas y verduras son claves

Este tipo de alimentos proporciona minerales, vitaminas, fibra y mucha agua. Por ejemplo, la pectina de la manzana es muy útil para la protección de las mucosas del intestino. Sin olvidarnos de sus altas proporciones de antioxidantes, que combaten los efectos de los radicales libres y retrasan el envejecimiento.

4. Tomemos la leche sin lactosa

Si bien conforme nos hacemos mayores vamos dejando de producir las cantidades de la enzima lactasa necesarias para una digestión sin problemas de la leche, no tenemos por qué dejar de beberla. Recordemos que viene muy bien para tener unos huesos en condiciones. Nuestro consejo principal es que sigamos tomando leche, pero optando por la que no lleva lactosa.

5. Bebamos el agua necesaria

Debemos ingerir, por lo menos, entre un litro y medio y dos litros al día. También la podemos consumir en sopas e infusiones. Entre otras ventajas digestivas, prevendremos los inconvenientes propios del estreñimiento.

6. Cuidado con las grasas

Todos los días hemos de tomar una cantidad mínima de grasas, pero eso no implica que debamos sobrepasarnos. Sin ir más lejos, el exceso en el consumo de calorías nos llevaría a padecer los problemas propios del sobrepeso y las digestiones pesadas están relacionadas con las comilonas. Evitemos, sobre todo, las grasas procesadas o trans.

7. No nos pasemos aderezando las comidas

Los excesos de sal, calor, picante o guarnición no ayudan a lograr unas digestiones fluidas. Por eso, recomendamos cocinar de las formas más naturales, como al vapor, al horno, a la plancha o en forma de hervidos.

8. No organicemos comidas copiosas

Este tipo de comidas son muy perjudiciales para la digestión. Nos conviene sustituirlas por ingestiones de menores cantidades de alimentos repartidas en cinco intervalos del día.

9. Alerta con los gases

Repercuten negativamente en los procesos digestivos. Salvaguardarnos de sus efectos implica no tragar demasiado aire comiendo o bebiendo, masticar con la tranquilidad suficiente y moderar el consumo de dulces y bebidas carbonatadas.

10. No olvidemos el ejercicio físico

Por último, hacer deporte moderadamente contribuye a los movimientos de los órganos y músculos digestivos. Por consiguiente, además de sentirnos más ligeros, favorecemos que el proceso digestivo sea más rápido y fluido. Las defecaciones, por su parte, llegarán con menos dificultades.

En conclusión, ¿qué podemos hacer para que nuestra digestión no se vea afectada?

Una vez repasados los consejos principales para que nuestra digestión siga unos cauces saludables, es preciso pasar de las palabras a los hechos. En definitiva, debemos aunar unos ritmos de vida que no nos estresen, la realización de ejercicio físico moderado y una nutrición tan completa como equilibrada.

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