Introducción

La ictericia neonatal es habitual en los recién nacidos. El motivo principal es que su hígado no está maduro, pero no debemos preocuparnos, porque desaparece al cabo de unos días y no siempre es necesaria la intervención médica.

¿Qué es la ictericia neonatal?

Los neonatos pueden tener niveles altos de bilirrubina en sangre. Esta sustancia provoca una coloración amarilla en la piel y se produce cuando se reemplazan los glóbulos rojos viejos y el hígado los descompone para eliminarlos por las heces.

Un alto nivel de bilirrubina produce que tanto la esclerótica de los ojos como la piel de los bebés tengan un color amarillo. Entre un 25 y un 50 % de los recién nacidos y un mayor porcentaje de bebés prematuros la desarrollan. Esta elevación de la bilirrubina en los lactantes se considera fisiológica.

¿Cuáles son los síntomas de la ictericia?

Tal y como estamos explicando, entre el segundo y el tercer día de vida se puede ver afectada la cabeza y, posteriormente, el resto del cuerpo. Se tornará de color amarillo tanto el blanco de los ojos como la piel.

Esto es importante que lo sepan los padres, sobre todo los primerizos, para poder llevar al pediatra al bebé en caso de que sea necesario. Los bebés que tienen ictericia solo en la cara presentan niveles más bajos que aquellos en los que se puede apreciar la ictericia en las piernas, aunque las conjuntivas estén muy coloreadas.

Por otro lado, hemos hablado de la inmadurez del hígado. Esto quiere decir que se procesa la bilirrubina de forma lenta. Suele darse en el 60 % de los recién nacidos entre la semana 37 y la 41 más 6 días, es decir, a término. Con la lactancia materna suelen prolongarse un poco más los síntomas y extenderse hasta una semana.

Tan solo el 6 % de los recién nacidos presenta una ictericia de carácter patológico que precise un tratamiento hospitalario.

¿Cuáles son las causas por las que se produce?

Mientras los bebés crecen en el vientre materno, la placenta es la encargada de eliminar la bilirrubina de su cuerpo, además de ser el órgano por el que se alimentan. Tras el nacimiento, el hígado del niño es el encargado de realizar este trabajo, por lo que pueden transcurrir unos días hasta que lo haga de forma eficiente.

En los recién nacidos que se amamantan se pueden presentar dos tipos de ictericia inofensivos:

- Por la lactancia, si la leche de la madre es lenta para salir.

- La que aparece a partir de la primera semana de vida, debido a que las sustancias que están presentes en la leche materna afectan a la descomposición de la bilirrubina en el hígado.

Hay otro tipo de ictericia más grave en neonatos, que puede suceder si existe una afección que incremente la cantidad de glóbulos rojos que tienen que ser reemplazados, por ejemplo:

- En casos de anemia drepanocítica.

- Incompatibilidad de grupo sanguíneo entre la madre y el bebé.

- Altos niveles de glóbulos rojos.

- Cefalohematoma a consecuencia de un parto complicado.

- Infecciones.

- Escasez de encimas, el consumo de ciertos medicamentos, bajo nivel de oxígeno o trastornos hereditarios.

Por último, hay que señalar que es más probable que un bebé prematuro presente ictericia que uno a término.

¿Se puede prevenir?

Lo cierto es que no hay mucho que se pueda hacer para prevenirla, aunque sí es posible hacer un diagnóstico temprano para que se pueda tratar durante los primeros días del bebé.

Pronóstico de la ictericia

En casos muy excepcionales, una alta concentración de bilirrubina puede originar parálisis cerebral, sordera u otro tipo de lesiones en el cerebro. En ciertas ocasiones, además, es indicativa de algún trastorno tiroideo o infección.

Tratamiento de la ictericia 

Si es leve o moderada, en unos diez días se regulará por sí misma sin necesidad de aplicar ningún tipo de tratamiento, ya que el bebé regulará el exceso de bilirrubina conforme su hígado vaya madurando. Si está asociada a la leche materna no es preocupante, aunque se prolongue en el tiempo, solo será necesario llevar un control pediátrico adecuado.

Es recomendable que el bebé esté expuesto a la luz, pero no a la luz directa del sol. En caso de que no remita, el pediatra podrá recomendar otro tratamiento. Es posible que sea necesario aplicarle fototerapia, que es un tratamiento que ayuda a la eliminación de la bilirrubina a través del hígado, mediante el uso de una lámpara especial. En algunos casos, tras el tratamiento se puede originar una recidiva que necesitará un nuevo tratamiento.

Otra de las opciones puede ser aumentar el número de tomas de los bebés o añadir algún biberón suplementario. Lo ideal sería que comiese entre 8 y 12 veces. De este modo generaría un mayor movimiento intestinal y, como consecuencia, tendría más heces, por lo que se estaría ayudando a eliminar el exceso de bilirrubina.

Si la concentración de bilirrubina es muy elevada, será necesario limpiar la sangre del bebé utilizando una técnica especial: exanguinotransfusión. Esta técnica es una transfusión que consiste en eliminar la bilirrubina y reemplazar la sangre del bebé por nueva sangre en cantidades pequeñas.

En la ictericia patológica la evolución dependerá del origen y el tratamiento aplicado.

Conclusión

En definitiva, existen diferentes motivos por los que un bebé puede tener ictericia y los más habituales son las causas fisiológicas debido a la inmadurez del hígado, que hace que la bilirrubina se acumule en la sangre y que puede desaparecer por sí sola tras un par de semanas de vida.

Puede originarse porque un bebé nazca de forma prematura y se anticipe a la finalización del proceso de gestación, puede estar relacionado con la lactancia materna o puede producirse por una incompatibilidad de Rh entre el bebé y la madre.

Si la ictericia neonatal aparece como consecuencia de esta última incompatibilidad, el niño tendrá un Rh diferente al de la madre y eso puede hacer que ella genere una serie de anticuerpos que se encarguen de destruir los glóbulos rojos del niño. Debemos prestar atención a la evolución para detectar si hay que acudir al pediatra.

 

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