El urólogo es uno de los especialistas médicos más imprescindibles para controlar el estado de salud del hombre. En ocasiones, se ignora su indudable utilidad hasta que no se tienen los primeros síntomas de algún tipo de dolencia. Sin embargo, es importante aclarar que la mejor medida preventiva sigue siendo la revisión periódica.

Las revisiones urológicas, indispensables

Resulta curioso observar cómo para las mujeres es habitual someterse a una revisión ginecológica mientras que los hombres parecen sentir cierta vergüenza a la hora de ir al urólogo. La revisión periódica del aparato reproductor masculino y de los genitales ayuda a detectar cualquier tipo de anomalía a tiempo y proceder al diagnóstico que puede evitar que se convierta en una enfermedad de importancia.

Estadísticamente hablando, la mayor parte de los hombres considera que el tracto rectal es molesto y que no hay necesidad de ir al especialista hasta notar algún tipo de molestia al miccionar o al tener relaciones íntimas. Debemos destacar que ni la práctica anterior es dolorosa ni pensar de la forma antedicha ayuda a proteger la salud.

En cuanto a porcentajes, más del 50 % de los españoles mayores de 40 años no ha ido nunca al urólogo. La cifra, aparte de alarmante, confirma otra que no deja de ser sorprendente: en torno al 60 % de los casos de cáncer de próstata podrían haberse evitado en caso de haber acudido los pacientes a una revisión periódica.

Es importante recordar que, en la actualidad, es recomendable realizar un análisis del PSA a partir de los 50 años y someterse a revisiones continuas para comprobar que el aparato urinario y el reproductor funcionan con normalidad.

7 razones para visitar el urólogo

Para concretar la información anterior, se han recopilado las siete ventajas principales de visitar el urólogo. La combinación de las ventajas de cada una de ellas da como resultado un estado de salud prostática mucho más recomendable para evitar la aparición de dolencias diversas.

1. Controlar el estado de la próstata

Esta glándula tiene una actividad continuada y se puede ver afectada por agentes externos e incluso por el tipo de trabajo que se realiza. La detección de su inflamación o de un incorrecto funcionamiento siempre es necesaria para ganar en tranquilidad en lo que respecta a la presencia de algún tumor. Igualmente, en caso de hiperplasia benigna, también es adecuado recibir la medicación correspondiente para ir evitando las molestias que genera esta anomalía.

2. Revisar los testículos

A lo largo de la vida del hombre, esta parte fundamental de su aparato reproductor va sufriendo cambios que hay que monitorizar. En ocasiones, el descolgamiento de la piel del escroto por la edad, la obesidad u otras enfermedades ocultan síntomas diversos del cáncer de testículos. Encontrar cualquier tipo de protuberancia, irregularidad o molestia son motivos suficientes para que un urólogo revise qué está sucediendo.

3. Comprobar el funcionamiento del aparato urinario

Es habitual pensar que es el nefrólogo el encargado de controlar este aspecto. Si bien es cierto, no podemos olvidar que su papel termina en la revisión de los riñones, pero es el urólogo el que debe comprobar si hay algún tipo de problema en la uretra o en los conductos que facilitan la micción. A partir de los 50 años, la probabilidad de contraer infecciones urinarias aumenta. Igualmente, en caso de tener cálculos renales, hay que comprobar cuáles han sido las secuelas que ha dejado su expulsión para que la micción sea más fluida y sin molestias.

4. Conocer el nivel de fertilidad

Es también el urólogo el encargado de analizar el nivel de fertilidad del hombre. Tras realizar diversos análisis, es posible deducir cuál es la causa del problema y, si es factible, corregirla fácilmente o bien ofrecer alternativas.

5. Mejorar la vida sexual

En una visita al urólogo también es posible comentar cuáles son los problemas sexuales que se padecen. La disfunción eréctil, la eyaculación precoz, la curvatura del pene o la impotencia son alteraciones que han de ser tratadas siempre por un especialista. En primer lugar, porque será el encargado de realizar un diagnóstico fiable. Y en segundo, porque es el único que puede recetar la medicación idónea para lograr los resultados más adecuados para cada caso particular.

6. Cambiar el aspecto de los genitales

Operaciones como el alargamiento de pene o el engrosamiento siguen siendo de las más demandadas. Aunque se piense lo contrario, es el urólogo, y no un cirujano estético, el profesional que debe encargarse de la realización de este tipo de intervenciones para que el paciente tenga siempre la seguridad de que su pene y sus testículos van a seguir funcionando correctamente.

7. Ganar en tranquilidad

En lugar de estar experimentando pequeñas molestias que van a más o quedarse con la duda de qué puede estar sucediendo, siempre es más adecuado acudir a una revisión para confirmar que todo va bien. Aparte de una pequeña entrevista sobre los hábitos del paciente (las preguntas versan sobre la dieta y el posible consumo de alcohol o de tabaco) y el tracto rectal (si procede), la consulta discurre sin problemas e incluso puede ser positiva para pedir algún tipo de consejo sobre alguno de los aspectos mencionados.

El urólogo, un especialista imprescindible para la salud del hombre

Podría afirmarse que el urólogo ha de ser tan visitado como el médico de cabecera. No en vano, a partir de los 50 años debe convertirse en uno de los pilares fundamentales para tener un perfecto estado de salud. Las revisiones periódicas son una perfecta medida preventiva para adelantarse a la enfermedad y para ir tomando las medidas oportunas para curarla con efectividad. Todo sea por ganar en tranquilidad y por controlar las posibles anomalías que pudieran ir apareciendo en el aparato reproductor masculino, así como en la próstata o en las vías urinarias. Por unos 20 minutos al año, parece obvio que merece la pena no dejar pasar tan importante oportunidad para preservar la salud.

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