Introducción

La neumonía suele ser una de las causas de muerte más común en los países desarrollados, representando en ocasiones el 0,7 % de los decesos e, incluso, el 1,5 % al año. Esta puede derivarse de complicaciones de otras enfermedades o por contagio de una bacteria, hongo o virus. Es importante que observemos los primeros síntomas y acudamos a un servicio médico antes de que se agrave el cuadro clínico.

¿Qué es una neumonía?

Podemos definir la neumonía con la infección que se presenta en uno o dos pulmones. Como adelantamos, puede estar provocada por una bacteria, un virus o un hongo.

Cuando no padecemos una enfermedad primaria, es decir, no contamos con complicaciones que puedan derivar en un estado grave de salud, podemos echarle la culpa a tal infección a la bacteria Streptococcus pneumoniae, también conocida como neumococo.

Desgraciadamente, muchos inicios de esta enfermedad se suelen dar en hospitales al estar en contacto con otras bacterias de pacientes infectados. Otra forma de infección es a través de la inhalación de químicos y determinados líquidos.

Debemos tener en cuenta que en nuestros senos paranasales habitan bacterias y virus que pueden terminar alojándose en los pulmones, dando como resultado la neumonía que aquí tratamos. Estos mismos microorganismos podemos inhalarlos del aire a través de otras personas infectadas.

Entre los grupos de riesgo se incluyen las personas mayores, los niños y los pacientes que sufren de una enfermedad autoinmune o cardiaca. Aunque una gripe puede desencadenar una neumonía, sobre todo en este tipo de pacientes, debemos prestar especial atención a otras enfermedades, también víricas, como la tosferina, la varicela y el sarampión, así como los contados casos de coronavirus que conocemos actualmente.

También, una deficiencia en nuestras defensas puede dejar comprometido nuestro sistema respiratorio, mostrándonos más proclives a padecer neumonía. De esta forma, ser consumidores frecuentes de alcohol y tabaco, así como llevar una dieta poco saludable que conlleve a la desnutrición, aumentan la posibilidad de contraer esta enfermedad.

Síntomas para detectar esta enfermedad

La neumonía suele dividirse en dos variantes en función de los síntomas que el paciente experimenta. Por un lado, la denominada como típica (la que nos facilita más su diagnóstico) tiende a acompañarse de tos con expectoración herrumbrosa o purulenta, y a veces sanguinolenta, y con fiebre, además de dolor torácico. Esta, de clasificación típica, se exterioriza en cuestión de horas e, incluso, entre dos a tres días con la sintomatología expuesta.

En el caso de padecer una neumonía atípica, el cuadro clínico es muy similar al de una gripe común. Los síntomas aparecen de manera gradual e, igualmente, el paciente presenta fiebre, escalofríos, malestar generalizado, dolores musculares y de cabeza, además de fatiga. Con respecto a la tos, en el cuadro atípico se suele describir como seca, curiosamente sin expectoración y un dolor torácico menos intensificado. Otros síntomas que se dan, aunque no en todos los pacientes, son vómitos (acompañados de náuseas) y diarrea.

Si miramos hacia el sector de riesgo, como en el caso de los adultos mayores, al tener un sistema inmunitario más debilitado, los síntomas pueden persistir e, incluso, reaparecer a pesar de haber estado en tratamiento y recibir el alta médica por presentarse asintomático. Aun así, es importante señalar que personas con más de 65 años pueden no presentar ninguno de los dos cuadros de sintomatología anteriormente expuestos. La tos puede ser prácticamente ausente, pero sí es típico mostrar décimas de fiebre. A veces la confusión se da en pacientes de la tercera edad, además de un cuadro inicial leve.

En todos los casos, la dificultad respiratoria es un síntoma agravado de la neumonía, requiriéndose atención inmediata y especializada. Existe un claro riesgo para la vida, por eso es necesario acudir cuanto antes al especialista médico, sobre todo si contamos con enfermedades previas que pudieran complicarse.

La importancia de tratar a tiempo la neumonía

Aunque es una enfermedad que puede ser muy común, es importante tratarla a tiempo, especialmente en pacientes que forman parte del sector de riesgo mencionado antes. En este sentido, hay que prestar atención a las personas mayores, que no siempre presentan una sintomatología sencilla de diagnosticar.

Asimismo, teniendo en cuenta al resto de población vulnerable, como son los niños o personas con enfermedades previas, de tipo autoinmune o cardiacas, es importante un tratamiento temprano para evitar complicaciones que deriven en un riesgo para la vida.

Existen tres maneras en que la neumonía puede complicarse. Por un lado, desarrollándose un derrame pleural, que es la acumulación de líquido procedente de la pleura que invade a la pared interna de la caja torácica y la membrana que rodea a los pulmones. Otra complicación consiste en un absceso, enquistándose el pus de los alvéolos. La tercera atiende a una infección generalizada, a través del torrente sanguíneo y resultando con consecuencias muy serias, como es la meningitis.

Prevención y tratamiento

La prevención es posible cuando esta enfermedad es causada por el virus estacional, típico de la gripe común. Por suerte, los sistemas sanitarios suelen dedicar mayor atención a los grupos de riesgo, administrando vacunas de forma anticipada a las temporadas de infección.

Existen las vacunas antineumocócicas, que suelen recomendarse a los adultos mayores y personas con problemas cardiacos. Estas previenen las infecciones bacterianas, desencadenantes también de un cuadro de neumonía.

Los tratamientos son muy variados. Pueden iniciarse con antibióticos en caso de tratarse de una infección por bacteria, o con antivirales. Cuando los síntomas se agravan es imprescindible la hospitalización y, en ocasiones, la administración de oxígeno y medicamentos por vía intravenosa.

El diagnóstico se realiza a través de una radiografía de tórax, que puede facilitar la exploración del especialista para determinar la gravedad de la enfermedad, así como la causa y el tipo de microorganismo que la origina.

Conclusión

La neumonía es una enfermedad que afecta a los pulmones. Identificarla a tiempo es primordial para encontrar el tratamiento oportuno. Es importante conocer las enfermedades previas del paciente y las repercusiones que podría tener en la salud en caso de contraer esta infección.

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