Algunas de las enfermedades y tratamientos más habituales que se diagnostican y se tratan de prevenir en las unidades de cardiología de todos los centros sanitarios son los ictus, los infartos de miocardio y los paros cardíacos. Por este motivo, en el siguiente artículo explicaremos qué es cada uno de ellos y cómo con una dieta saludable puedes contribuir a su prevención.

Cómo reconocer las diferencias entre un paro cardíaco, un infarto y un ictus

En primer lugar, hay que destacar que con el ictus o accidente cerebrovascular no se pierde el estado de consciencia en ningún instante. En cambio, si sufrimos un paro cardíaco, eso implica una parada respiratoria y, por tanto, la pérdida del conocimiento.

Es habitual escuchar palabras como ictus, paro cardíaco, accidente cerebrovascular, infarto o apoplejía. A pesar de la frecuencia con la que se suelen utilizar, la gran mayoría de las personas no tienen muy claro cuál es su significado o si existen diferencias entre dichos términos.

A continuación, exponemos con detalle en qué consisten estos problemas de salud y cuáles son los factores de riesgo que tienen mayor importancia en ellos.

Infarto

En un infarto de miocardio estamos ante un problema en la denominada arteria coronaria. Por lo general, se produce un coágulo que se ha originado por el desprendimiento de una placa de ateroma, que es una lesión característica de la ateroesclerosis producida por un exceso de lipoproteína de baja densidad o colesterol malo, LDL, en el torrente sanguíneo y que se incrusta en la pared de la arteria.

Por tanto, se bloquea el suministro de oxígeno y sangre que debe recibir el corazón. Esto también suele provocar arritmias (irregularidad en los latidos del corazón). Se experimenta dificultad respiratoria y un dolor en el pecho que puede irradiar a la zona izquierda del cuerpo, entre otros síntomas.

Es necesario que se trate a la mayor brevedad posible, ya que en muy pocas horas se puede producir la muerte del músculo cardíaco afectado.

Una persona que padece un infarto no pierde en ningún momento la consciencia, pero sí sufre multitud de dolores agudos.

Paro cardíaco

Cuando sufrimos un paro cardíaco, el corazón deja de latir de repente, lo que provoca una parada respiratoria y un desmayo. Las personas que lo sufren pierden el conocimiento de manera fulminante.

En estos casos, el tratamiento ha de ser inmediato, de lo contrario se podría producir la muerte de la persona afectada. Al avisar a los profesionales técnicos, estos realizarán una resucitación cardiopulmonar manual de forma inmediata, hasta que se pueda aplicar un desfibrilador, que enviará un impulso eléctrico con el fin de que se pueda restablecer el ritmo cardíaco normal.

Aquellas personas que han sufrido un paro cardíaco pueden reducir el riesgo de padecer otra parada si se implantan un desfibrilador.

Ictus

Es la denominación común más habitual para los accidentes cerebrovasculares, apoplejías o infartos cerebrales. Estos suceden cuando el flujo de sangre que se dirige a una zona del cerebro se detiene.

Si el accidente sucede durante varios segundos, el cerebro no recibe nutrientes ni oxígeno, lo que produce la muerte de algunas células cerebrales. Como consecuencia de esta pérdida, el afectado tendrá un daño permanente.

Podemos diferenciar dos tipos de accidentes cerebrovasculares.

1. Hemorrágico

Sucede con menor frecuencia, pero su tasa de mortalidad es muy alta. De otro lado, sus supervivientes suelen tener, por regla general, secuelas menos graves. Este tipo de accidente cerebrovascular se produce por la rotura de un vaso sanguíneo que causa un derrame o hemorragia.

2. Isquémico

Este tipo es el más frecuente, tanto que el 85 % de los accidentes cerebrovasculares totales son isquémicos. Cuando se produce, implica una situación irreversible y su causa es un trombo que impide que el cerebro tenga una correcta irrigación.

¿Existen factores de riesgo asociados a la dieta?

Lo cierto es que existen ciertos factores de riesgo comunes a estas tres enfermedades. Es conveniente conocerlos para que podamos prevenir cualquier tipo de enfermedad cardiovascular, lo que se torna decisivo cuando contamos con antecedentes familiares.

Algunos de estos factores de riesgo son los que siguen.

Diabetes

Aproximadamente el 20 % de las personas que han sufrido un ictus suelen ser diabéticas.

Hipertensión arterial

La tensión es algo que hay que controlar de forma regular, pero, sobre todo, en el caso de la hipertensión. Los médicos especialistas nos explicarán y determinarán cuál es el tratamiento idóneo según nuestros valores, estilo de vida y características fisiológicas.

Obesidad

El sobrepeso aumenta de manera exponencial la probabilidad de sufrir un problema cardiovascular. Existen multitud de remedios naturales y consejos que nos pueden ayudar a comer de forma sana. Una dieta equilibrada y ejercicio físico de manera regular nos permitirán adelgazar sin grandes sacrificios.

Consumo de grasas perjudiciales

La grasa es un nutriente indispensable, pero no vale cualquier tipo de grasa. Lo recomendable es consumir grasas de origen vegetal como, por ejemplo, el aguacate, aceite de oliva, de coco o lino, frutos secos, etcétera.

Triglicéridos y colesterol alto

Las analíticas nos van informando de cómo tenemos estos niveles. Una buena alimentación y una adecuada salud emocional nos ayudarán a mejorarlos.

El exceso de este tipo de grasas es el que se acumula en las paredes de las arterias y forma las ya mencionadas placas de ateroma, que se pueden desprender y crear trombos.

Otros factores de riesgo

Existen otros factores de riesgo que tienen que ver con nuestros hábitos.

Tabaquismo

Es necesario eliminar o reducir este hábito nocivo. Lo agradecerá nuestra salud coronaria, pero también nos evitará otros problemas de salud.

Estrés

Está demostrado que el estrés afecta negativamente a nuestra salud. Tiene una relación directa con los niveles de colesterol y suele agravar cualquier tipo de situación anómala. Es recomendable que lo evitemos en la medida de lo posible.

Sedentarismo

Practicar alguna actividad física es muy importante. No es necesario que seamos expertos atletas, pero sí que realicemos alguna actividad a diario como, por ejemplo, caminar, subir o bajar escaleras o dedicarnos a una actividad deportiva dos o tres veces por semana.

Tras leer este artículo ya conocemos las diferencias entre un ictus, un infarto y un paro cardíaco y por qué se producen. No tenemos excusas para no poner en práctica los consejos aportados y gozar de un corazón fuerte y saludable.

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