Cuando pensamos en las diferentes enfermedades y su tratamiento, una de las más habituales que nos viene a la cabeza entre las que afectan a la zona de la espalda es la hernia discal. Esta puede ser indolora, provocar dolor de espalda o irradiar, por medio de algún nervio, hacia las piernas o brazos.

Las cifras nos dicen que el 20 % de la población padece, al menos, una hernia de disco. A pesar de ello, es habitual que, al menos durante un tiempo, no presente dolor. Pero cuando este hace su aparición puede llegar a ser incapacitante, dependiendo de la presión que llegue a provocar.

¿Qué es una hernia de disco?

Los discos vertebrales se sitúan entre las vértebras y son como una especie de área gelatinosa con un centro blando y que tiene un revestimiento externo duro. Las hernias en estas estructuras, por tanto, hacen referencia a un problema con uno de los discos o almohadillas suaves. Otra de las formas de denominarlas es rotura de disco.

Se producen cuando las capas externas de los discos se rompen y el material gelatinoso del interior sale a través de esos desgarros. Esto supone un problema para la salud porque causa dolor e irrita los nervios cercanos. Además, puede causar debilidad o entumecimiento en piernas o brazos.

Muchas personas optan por tener un seguro médico por la alta prevalencia de esta situación, no obstante, en la mayoría de los casos, las personas que la tienen no necesitan cirugía para solucionarla.

¿Por qué la padecemos?

Las vértebras se alinean a lo largo de la espalda y están separadas entre ellas por los discos intervertebrales, que tienen la función de amortiguar los movimientos de la columna. Si este disco se rasga, el tejido blando de su interior se moverá y puede llegar a presionar algún nervio.

Lo cierto es que esto puede aparecer con el paso del tiempo, debido al desgaste de la columna, por un movimiento brusco, por una lesión, al girar de forma repentina o al levantar peso sacando la fuerza de la espalda, en vez de hacerlo desde las piernas.

¿Cuáles son sus síntomas?

De forma general se suelen producir en el cuello o en la zona baja de la espalda, las lumbares. Pero puede afectar a distintas partes del cuerpo según donde esté localizada. Por ello, podemos clasificar a las hernias de disco en cuatro tipos:

- Hernia dorsal: sucede cuando las molestias se perciben en el área media de la espalda.

- Dolor irradiado: se dice así cuando el dolor se produce en una zona del cuerpo, pero se percibe en otra distinta.

- Hernia lumbar: cuando hablamos de una hernia de este tipo, los síntomas suelen reflejarse en las piernas. Pueden presentar dolor, dormirse o sentirse pesadas.

- Hernia cervical: cursa con dolor y tensión en el cuello, que puede irradiarse hasta los brazos.

Entre los síntomas y signos más habituales hay que destacar los siguientes:

Entumecimiento u hormigueo

Todos hemos sentido alguna vez esta sensación cuando nos apoyamos sobre un pie y este deja de recibir el riego sanguíneo normal. En este caso, se siente en la zona del cuerpo en la que actúan los nervios afectados y se debe directamente a una presión sobre los mismos.

Dolor en las piernas o en los brazos

Cuando la hernia se sitúa en la zona baja de la espalda, es normal que sintamos un dolor intenso en los glúteos, pantorrillas y muslos. Este tipo de hernia puede comprometer alguna zona del pie.

En cambio, si la hernia es cervical, el dolor será muy intenso en los brazos y en los hombros. Este dolor se propagará hacia las piernas o brazos al toser, estornudar o incluso puede extenderse hasta la columna vertebral en determinadas posturas.

Debilidad

Los músculos inervados por los nervios afectados tienen tendencia a debilitarse, lo que puede provocar tropiezos y afectar a la capacidad para sostener o levantar objetos.

¿Cuáles son las causas por las que aparece?

La degeneración de los discos suele ser causada por el envejecimiento, ya que pierden parte de su agua, lo que los hace menos flexibles y más propensos a la rotura o a un desgarro.

También pueden aparecer porque utilizamos los músculos de la espalda en vez de los de las piernas para levantar objetos pesados. Otras de las causas frecuentes son golpes fuertes en la espalda o situaciones traumáticas como las caídas.

A pesar de ello, en la mayoría de personas no podemos señalar una única causa que sea exactamente la que lo provoque.

Factores de riesgo

Entre los factores que pueden aumentar el riesgo de tener una hernia de disco hay que señalar los siguientes:

- Genética. La predisposición a sufrir una hernia de disco se puede heredar.

- Peso. Un exceso de peso provocará una presión adicional en los discos situados en la región lumbar.

- Profesión. Aquellas personas que tienen trabajos que precisan una exigencia física importante tienen un riesgo mayor de sufrir problemas en la espalda. Acciones repetitivas como empujar, levantar o tirar de objetos, girar el cuerpo o inclinarse de lado también lo aumentarán.

¿Cuándo debemos acudir al médico?

El dolor que se origina con cualquier tipo de hernia de disco dificulta una actividad diaria normal. Será difícil andar con normalidad, cargar peso o trabajar. Es posible que, incluso, nos provoque molestias al sentarnos o al dormir.

Si estos síntomas persisten durante varios días, será necesario que el médico establezca un diagnóstico. Otro de los instantes en los que decidiremos acudir a la consulta será cuando el dolor de la espalda o cuello se desplace hasta piernas o brazos y se acompaña de hormigueo o debilidad.

Los profesionales médicos especializados recomiendan acudir a urgencias si se produce descontrol de los esfínteres o incontinencia urinaria. Debemos saber que una hernia puede dificultar las funciones del cuerpo y debe tratarse de inmediato.

No obstante, en la mayoría de casos, el reposo, la prescripción y consumo de algunos antiinflamatorios y terapia física hará que sintamos una gran mejoría.

En definitiva

La hernia discal puede causar síntomas muy desagradables, pero se puede prevenir de manera sencilla. Practicar ejercicio físico para fortalecer los músculos del tronco, tener una buena postura corporal, levantar objetos pesados de manera adecuada y mantenernos en un peso saludable son algunos de los consejos para ello.

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