Introducción

Consiste en sentir una excitación genital exagerada e involuntaria. Sucede de manera inesperada e incluso ante situaciones que no son consideradas como eróticas por el enfermo. El tener esta sensación de forma constante termina convirtiéndose en un estado de ansiedad generalizado que afecta a la rutina diaria provocando desajustes diversos.

Síndrome de excitación sexual permanente

Si padecieramos este síndrome, podríamos tener un orgasmo en cualquier momento aún sin estimulación. Es decir, es como si el cuerpo obedeciera a unos estímulos que la mente no considera como detonantes de la excitación sexual. Puede suceder al ir paseando en bicicleta, al hacer estiramientos en el gimnasio o incluso cuando viajamos en cualquier transporte público.

Parece lógico deducir que sufrir las contracciones típicas del orgasmo femenino en cualquiera de estas situaciones habituales de la rutina diaria no es demasiado adecuado. Esta situación termina provocando un miedo muy difícil de controlar que afectará a nuestra estabilidad emocional.

El síndrome es más habitual en mujeres y puede durar desde algunos minutos a varias horas. La estadística cifra los casos en un millar de personas en todo el mundo.

Consecuencias físicas de este síndrome

La mujer que lo experimenta puede mantenerse en un estado continuo de excitación durante un tiempo indeterminado. El aumento de la tensión arterial y del ritmo de latidos del corazón puede terminar por afectar a la salud cardiovascular de forma grave.

También, puede producirse una alteración severa de la flora vaginal que no está preparada para la continua producción de flujo. Así, aumenta la sequedad e incluso se podría ver afectada la musculatura de la zona al experimentar contracciones de forma continuada lo que afectaría a la elasticidad de la vagina.

Igualmente, los músculos de la zona pélvica pueden sufrir una sobrecarga ya que las contracciones provocadas por el orgasmo son muy intensas. De alargarse durante horas producen fatiga y cansancio.

Consecuencias psicológicas

El síndrome afecta directamente a la vida de pareja y a la sexualidad de la mujer. Para explicar algo mejor estas consecuencias es necesario aclarar que la excitación sexual se produce en el cerebro. Progresivamente, este órgano le va dando la orden al resto del cuerpo para que comience un proceso de adaptación a la actividad sexual que vaya a producirse.

Poco a poco, el cuerpo se va amoldando a la misma hasta que se produce el orgasmo que genera dopamina y una sensación de bienestar. Posteriormente, se entra en un periodo de reposo en el que el cuerpo vuelve a la normalidad.

Si este proceso no termina con el orgasmo sino que se repite una y otra vez, el cerebro recibe una sobredosis de la antedicha sustancia que no puede asimilar. La mujer que lo experimenta comienza primero a rechazar su cuerpo y posteriormente a no querer tener relaciones sexuales para no repetir las mismas sensaciones que experimenta de forma involuntaria.

El cerebro, por lo tanto, considera que los niveles de dopamina son suficientes y que no necesita sexo, lo que termina creando un grave problema en la vida íntima de cualquier relación sentimental.

¿Se conocen las causas de este síndrome?

La escasez de casos no invita a que se lleve a cabo una investigación a la altura de las circunstancias. Sí se han estudiado los síntomas de algunas mujeres y se ha comenzado a conocer que el problema podría tener un origen neurológico o vascular. Se trataría de un desajuste que provoca el aumento de la circulación sanguínea en la zona y la aparición del orgasmo involuntario.

Los estudios más recientes sí son más concluyentes al afirmar que el 66 % de las mujeres investigadas presentaban quistes de Tarlov en su columna vertebral. Esta conclusión tampoco ayuda demasiado ya que hay mujeres con el síndrome y sin estos quistes y personas con estos quistes sin el síndrome.

La teoría que parece tener más visos de ser cierta es la que estudia las acciones que desencadenan el síndrome. Tras encuestar a las mujeres que lo padecen, se llegó a la conclusión de que llegaban al orgasmo tras realizar acciones comunes como masticar, morder algún alimento o silbar.

Los especialistas consideran que es más que probable que el fallo neurológico consista en que el cerebro entienda estas señales como éroticas reaccionando de la forma ya explicada.

¿Cuál es el tratamiento más recomendable?

Si bien se desconoce la causa exacta del síndrome, sí es posible que acudamos al seguro médico para exponer el problema. El tratamiento más idóneo consiste primero en corregir la ansiedad en la paciente. Posteriormente, se suele apostar por una terapia destinada a lograr que la persona afectada entienda que su sexualidad no puede verse afectada por esta circunstancia.

Se trabaja intensamente para conseguir devolverle la confianza y también con el objetivo de que aprenda a distinguir los estímulos sexuales de los que no lo son. Se le permite escoger aquellos que prefiere para que dirija su deseo sexual hacia la normalidad.

Además, también se le dan las pautas necesarias para que distinga entre el orgasmo involuntario y el que tendrá como resultado de la estimulación sexual. Una vez realizada esta distinción, es habitual afrontar la parte final de la terapia en la que se trabaja en la autoestima y en la aceptación del trastorno con el apoyo de un especialista en ginecología que ofrezca ejercicios para proteger el suelo pélvico y los genitales.

La combinación de diversas estrategias ofrece siempre los mejores resultados. Este síndrome no debe ser nunca ni silenciado, algo habitual en el caso de los hombres, ni el protagonista de nuestra vida. Solo los especialistas arriba mencionados podrían ayudarnos a superarlo de forma natural.

Si padecemos estos síntomas, recomendamos visitar a la clínica que recomiende el seguro médico y que no dudemos a la hora de contar los síntomas. Este será el primer camino hacia la recuperación.

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