La otitis es una de las dolencias más molestas que pueden llegar a causar problemas de salud de mayor gravedad de no tratarse correctamente. En los siguientes apartados procedemos a explicar en qué consiste, cuáles son sus tipos principales y cómo ha de tratarse para poder superarla con eficacia.

¿Qué es la otitis?

Es una infección que se produce en el oído medio o el externo. Por lo general, causa molestias y un dolor bastante intenso que podría cronificarse de no tratarse con rapidez. En torno a un 80 % de los niños han tenido otitis en alguna ocasión y tiene una tasa de repetición que en raras ocasiones supera el 10 % de los casos.

La otitis aguda que afecta al oído medio es una de las infecciones más diagnosticadas en todo el mundo. Pero para entender su incidencia, resulta indispensable conocer las partes en las que se divide el oído.

Externo

Incluye la oreja y la entrada al conducto auditivo que termina en el tímpano (una membrana que separa el oído externo del medio). De color gris, vibra al recibir el sonido y permite que el cerebro descifre lo que acaba de escuchar. La cera de esta zona del oído tiene como función aumentar el nivel de acidez e impide así que las bacterias hagan acto de presencia.

Medio

Justo tras el tímpano se encuentran tres huesos de pequeño tamaño (martillo, yunque y estribo) que se encargan de modular las vibraciones y de enviarlas hacia el líquido que se encuentra en el oído interno.

Esta zona del oído está llena de mucosidad (similar a la que se tiene en las fosas nasales) y de aire. La presión del aire externo ha de tener la misma intensidad que la del oído medio, ya que, en caso contrario, se produce una alteración que termina provocando que se tapone como suele pasar cuando se viaja en avión. La trompa de Eustaquio, conectada con la nariz y con la boca, se encarga de equilibrar la presión cuando se bosteza o se traga.

Interno

Consta de dos cavidades distintas que están llenas de líquido y que forman parte del hueso temporal. Tras recibir las vibraciones del estribo, se producen unas ondas en el líquido de una de las cavidades que, a su vez, se transforman en una señal eléctrica que el cerebro interpreta. La segunda cavidad está formada por canales en los que el líquido le sirve al cerebro para saber la dirección que sigue la persona y los desplazamientos que ha podido hacer.

Diferentes tipos de infección

Tras conocer las distintas partes del oído, es indispensable completar esta información con los dos tipos principales de otitis que se pueden padecer.

Externa

Por lo general, está provocada por hongos o bacterias. Suele darse en oídos expuestos a la humedad (es habitual en niños y adultos que se bañan en el mar o en la piscina sin tapones). Entre los síntomas más recurrentes se encuentran:

· El dolor intenso.

· La sensación de presión.

· La fiebre.

· La supuración.

· Sentir que el oído está taponado y tener problemas de audición.

A su vez, este tipo de otitis se divide en los siguientes, y dependiendo de cada caso particular, es necesario tomar las medidas oportunas:

· Aguda. Es la que se experimenta cuando se nada sin protección. La otalgia puede alcanzar la mandíbula y empeorar, sensiblemente, al intentar tragar.

· Maligna. De no tratarse la anterior, o de no acertar con el tratamiento, podemos llegar a sufrir esta otra que resulta de enorme gravedad. Produce la necrosis de los huesos del oído y de los tejidos adyacentes. Puede llegar a provocar meningitis y un absceso en el cerebro. Es habitual en personas de la tercera edad, personas con problemas en su sistema inmunitario y diabéticos.

Las mejores medidas de prevención para evitar su complicación son el uso de tapones para nadar, secarse muy bien el oído tras la ducha o el baño y no usar bastoncillos de algodón para limpiarse el oído. Su tratamiento se basa en gotas con efecto antibiótico, analgésicos para el dolor y aplicación tópica de calor.

Media

Se produce cuando el líquido del oído medio no se drena correctamente a través de la trompa de Eustaquio. Por lo general, esta acumulación provoca la aparición de hongos y bacterias, lo que favorece la aparición de la infección. La supuración, la fiebre y los problemas para oír con claridad son los síntomas más recurrentes. A su vez, podemos dividirla en:

· Aguda. Es habitual en niños desde el periodo de lactancia hasta la adolescencia. El motivo no es otro que la falta de desarrollo de la trompa de Eustaquio que, al ser más corta, no puede hacer su función natural de drenaje. Suele suceder que las infecciones en la garganta pasan al oído en estas edades provocando esta infección. En los adultos, la causa principal suele ser un catarro o una faringitis. En ambos casos, enfermedades como la gripe o la escarlatina también provocan este tipo de otitis.

· Crónica. Cuando el tratamiento de la anterior no funciona, o bien cuando no se procede a la correcta curación de la otitis media, se cronifica el problema apareciendo secreciones purulentas con un intenso olor. Es habitual experimentar sordera temporal y acúfenos.

El tratamiento más recomendable pasa por la ingesta de antibióticos durante unos diez días aproximadamente.

Mucho más que una simple infección

No prestarles la atención debida a los síntomas de los distintos tipos de otitis arriba indicados aumenta la posibilidad de desarrollar una perforación en el tímpano que podría conllevar incluso una otoplastia.

Las revisiones periódicas son esenciales para comprobar el estado de higiene del oído. Disminuir la posibilidad de padecer una otitis siempre está en manos del paciente, por lo que resulta aconsejable poner en práctica los consejos que hemos indicado.

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