La trombofilia y el embarazo suelen relacionarse por las posibilidades aumentadas de padecer uno o varios abortos. Este problema no es fácilmente detectable, a menos que se conozcan antecedentes familiares. A pesar de un diagnóstico positivo, existen medicamentos que pueden ayudar a llevar el embarazo sin repercusiones para el bebé ni la madre. 

Que es la trombofilia en el embarazo 

Hablar de trombofilia y embarazo es adentrarnos en los problemas producidos por la trombosis durante la gestación. La trombosis se da por una deficiencia en la coagulación, que puede repercutir directamente sobre el feto, interrumpiendo el embarazo de manera traumática. 

En este caso, se producen coágulos innecesarios en el organismo que pueden invadir diferentes partes del cuerpo, afectando durante el embarazo la percepción de oxígeno por parte del bebé y poniendo en riesgo la vida de la madre. 

Es complicado detectar este problema, ya que muchos abortos iniciales no son un indicio de este padecimiento. En muchos de los casos en que una persona tiene esta enfermedad, no se presentan síntomas aparentes al principio, hasta que después de sufrir varios abortos, se comienza a sospechar de la misma. 

Síntomas de la trombofilia en el embarazo 

No todas las mujeres que padecen trombofilia presentan problemas durante el embarazo. Pero se dan casos de distinta gravedad en los que se pone en riesgo al bebé e, incluso, a la madre. 

Por norma general, uno de los síntomas de la trombofilia, que se puede dar antes del embarazo, es la presión alta. También son de sencilla apreciación los coágulos que pueden afectar a las venas de las piernas, produciendo la sensación de ardor y dolor en la zona. 

Durante el embarazo, la sintomatología toma un especial interés, sobre todo por la salud del bebé. Es por eso que un aborto puede significar un síntoma claro de este padecimiento. Esto se ratifica cuando se sucede otro, llegándose al tercero sin explicación aparente. 

Dentro del útero pueden ocurrir otras situaciones, como un crecimiento irregular del feto dentro de la matriz. La insuficiencia placentaria es también otra causa, que dificulta la absorción de alimentos y oxígeno por parte del bebé. 

La preeclampsia es otra consecuencia que se manifiesta en torno a la semana veinte del embarazo, descubriéndose una subida de la presión de la futura mamá y la presencia de proteína en la orina. 

Otra de ellas es el nacimiento prematuro, entendiéndose este como anterior a las 37 semanas de gestación. El bebé puede nacer sin ningún tipo de problemas y, aún así, no detectarse la enfermedad en la madre. 

Como se mencionó anteriormente, el aborto o el nacimiento sin vida del bebé, una vez transcurridas veinte semanas del embarazo, forman parte de la sintomatología. 

¿Cuál es la razón por la que no forma parte de la rutina de estudios? 

Es normal que se comience por preguntar por qué no se someten todas las embarazadas a estudios que determinen el padecimiento o no de la enfermedad. 

Dentro de los parámetros de la sanidad pública, la trombofilia no representa un problema de salud pública en que la relación costo-beneficio.  

El diagnóstico de la trombosis no es sencillo y la sanidad pública no considera que el número de casos justifique hacer el estudio a todas las mujeres.

Diagnóstico de la trombosis: Seguros médicos  

El diagnóstico de la trombosis se realiza a través de análisis de sangre, que deben ser realizados en laboratorios especializados en hemostasia. En total, deben realizarse cerca de 16 determinaciones, tras la solicitud de un médico especialista. 

Los seguros médicos son la mejor manera de poder someterse a las pruebas diagnósticas de la trombosis sin tener que gastar un dineral. La mayoría de compañías cubren el diagnóstico y tratamiento, lo que te permitirá solicitar tu misma cita con el especialista y en pocos días empezar con todo el proceso.  

Si quieres conocer las aseguradoras que cubren el diagnóstico de la trombosis, un comparador de seguros médicos como iSalud.com es la mejor manera de descubrirlo

Trombofilia hereditaria y embarazo 

La máxima línea de investigación se puede abrir con la sospecha de una trombofilia hereditaria. Puede no haberse llegado a la conclusión de que sea un mal familiar, al menos por medio de laboratorio, pero se puede llegar al diagnóstico tras el historial clínico de la familia. 

Conocer los casos de abortos espontáneos de las antecesoras suele esclarecer el padecimiento de esta enfermedad, que en su mayoría se transmite genéticamente. Una alteración de proteínas que intervienen en la coagulación, debido a la malformación de uno o varios genes, es la causa principal. 

Pueden darse casos en que la trombofilia se dé de manera adquirida, denominándose síndrome antifosfolipídico, que afecta a un cinco por ciento de embarazadas, siendo esta una enfermedad autoinmune, es decir, que el cuerpo se ataca a sí mismo. 

La trombofilia y el tratamiento en el embarazo 

Esta enfermedad se tratará en función de la gravedad que presente la madre. Aunque, por lo general, presenta un porcentaje positivo durante el embarazo cuando la mujer es tratada mediante un anticoagulante, llamado heparina, y bajas dosis de ácido acetil salicílico. 

Se ha demostrado que la heparina, a diferencia de otros anticoagulantes, no repercute en el crecimiento del feto, otorgando un 80 por ciento de posibilidades de que el embarazo se lleve a cabo con toda normalidad. 

La trombofilia durante el embarazo conlleva una dificultad que pone en riesgo la vida del bebé. Aunque no es sencillo diagnosticarla a tiempo, con la medicación adecuada, puede darse a luz sin problemas, siempre que no exista un nivel de gravedad alto. 

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