El concepto de autismo ha cambiado sustancialmente a lo largo de las últimas décadas. En la actualidad, se considera como un continuo, por lo que habitualmente se habla de Trastornos del Espectro Autista o TEA. Pero la importancia y preocupación social no han parado de crecer, dado que hemos visto que la prevalencia de los TEA ha ido incrementándose desde finales del siglo pasado.

Los motivos por los que este aumento se ha producido incluyen el hecho de un mejor reconocimiento diagnóstico en la actualidad, en que la prevalencia de 1 caso por cada 150 niños. Las proporciones en relación al sexo del niño son de 4-1 en detrimento de los varones.

Dentro de esta categoría del TEA encontramos el trastorno generalizado del desarrollo no especificado, el trastorno autista y el síndrome de Asperger. Pero todos tienen unas características comunes definidas por Wing, la llamada tríada de Wing: "alteración de la interacción social recíproca, alteración de la comunicación y del lenguaje, y actividades e intereses restringidos, repetitivos y estereotipados."

 Qué es el autismo

Definimos Trastorno del Espectro autista o TEA como un trastorno de tipo neurobiológico que se manifiesta en los tres primeros años de vida y que perdura toda la vida del individuo. Principalmente, los síntomas son dos:

- La existencia de deficiencias en el área de la comunicación y de la interacción social.

- Aparición de patrones de tipo repetitivo en el comportamiento, las actividades o en los intereses del niño.

Los avances en neurociencia nos aportan resultados alentadores sobre las causas del TEA. Los modelos genéticos no han podido, sin embargo, explicar completamente la etiología, pero tampoco la fisiopatología. Por esto mismo, y por ser un tipo de trastorno crónico, la investigación sigue revelando nuevos datos. Sin embargo, el diagnóstico lo realizamos siempre en presencia de unos signos y síntomas. Los padres suelen observar unos signos que les alarman llevándoles a realizar la consulta pediátrica. Habitualmente encontramos que este deriva al neuropediatra y a centros de atención temprana y otros especialistas.

Bases de la terapia conductual 

La terapia conductual se basa en la modificación de aquellos comportamientos inadecuados, mal adaptados o no deseados. Por este motivo, la modificación conductual está dando grandes resultados en el tratamiento del TEA. No necesitamos conocer el origen del comportamiento para modificarlo, pero sí necesitamos un análisis previo de la conducta del niño.

Habitualmente para los niños con TEA se realizan programas conductuales que abordan las destrezas sociales, el sueño, la atención, la ansiedad, la interacción con padres y las conductas desafiantes. Para ello necesitamos que los terapeutas estén debidamente capacitados. Las terapias pueden ser intensas tanto con los padres como con los niños. Encontramos programas de una duración de unas 12 semanas y hasta 3 años. Las sesiones pueden ser hasta 25 horas por semana.

Los diferentes programas son los de intervención conductual intensiva temprana, la terapia cognitivo conductual y el entrenamiento en las destrezas del ámbito social.

La intervención conductual intensiva temprana o ICIT

En los niños que reciben esta terapia encontramos mayores beneficios que en los que no la reciben en las siguientes áreas: comportamientos de independencia y de mayor adaptación a su entorno. Aumento de la inteligencia y habilidades sociales. Mejoran en la comunicación y en el área del lenguaje y también mejora su calidad de vida general. Estas evaluaciones positivas se han logrado tras tratamientos de 2 años en ICIT.

El Modelo Lovaas

Este modelo incorpora el análisis del comportamiento y lleva más de 50 años mostrándonos una eficacia aceptable. Se trata de una terapia conductual intensiva. Se basa en los estudios del Dr. Ivar Lovaas, y ha ido mejorando durante más de 30 años. Se ponen en práctica los principios del análisis del comportamiento aplicado o ABA. En este tipo de terapia intentamos incrementar los comportamientos deseados del niño. Para ello se usan refuerzos positivos. Por ejemplo: elogios, juegos, abrazos, comidas favoritas. Conforme el niño va adquiriendo las conductas y habilidades deseadas, los reforzadores más primarios como comidas se reemplazan por otros más comunes como estrellas o buenas notas.

Por otro lado, las conductas agresivas o de autoestimulación logramos reducirlas mediante otras conductas alternativas menos negativas o más aceptables. Se deben eliminar reforzadores de conductas poco deseados, incluidos los reforzadores negativos.

Modelo Denver de Inicio Temprano 

Este método se basa en un programa de intervención para niños con TEA desarrollado por dos psicólogas, Sally Rogers y Geraldine Dawson. Es más reciente, ya que comenzó su andadura en el año 2000. Es el resultado de combinar dos métodos de enseñanza intensiva sobre análisis del comportamiento y terapia basada en la relación. Cuando lo aplicamos tempranamente, esta terapia ha demostrado mayor eficacia por el mayor moldeamiento de las funciones cerebrales.

Entrenamiento en Respuestas Centrales

Esta terapia se centra en que el niño controle su propia conducta motivándolo con la mayor frecuencia que se pueda. La forma en que lo realizamos es mediante la variación de tareas, el empleo de refuerzos naturales y directos, la recompensa por los intentos, el repaso de tareas dominadas. Es muy específica, pues se eligen comportamientos, actividades y objetos que el niño usa habitualmente. En cualquier intento que el niño haga de comunicarse funcionalmente se le recompensa con un refuerzo que esté relacionado con el esfuerzo que ha hecho.

Estos son cuatro ejemplos de programas conductuales que nos han demostrado su eficacia en el TEA. Existen diferentes posibilidades de aplicación según los profesionales, las características concretas de los niños, los padres y el entorno.

Cambios en la conducta de niños autistas

Los cambios habituales que encontramos en las conductas de los niños con TEA son:

- Autolesiones, como golpearse la cabeza, morderse o arañarse.

- Escapismo o negativismo para comer o dormir.

- Agresividad verbal o física hacia miembros de la familia u otras personas.

- Destrucción de bienes materiales.

- Negativismo ante normas, desobediencia, incomunicación con mutismo selectivo o catatonia.

- No aceptación de normas.

- Alteraciones emocionales como irritabilidad extrema, falta de control emocional, ansiedad, incluso por acontecimientos positivos.

Como conclusión, podemos añadir que el autismo o TEA puede ser abordado mediante estrategias y programas conductuales de forma eficaz.

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