Introducción

Aunque estrés y sexo sean dos aspectos totalmente distintos de la vida de pareja, ambos están íntimamente relacionados. De hecho, la saturación por distintos motivos que se analizará en los siguientes apartados, incide directamente en una vida sexual sana. Para evitar esta circunstancia, se recomienda seguir los consejos que se ofrecerán para poder disfrutar de una sexualidad mucho más plena.

La incidencia del estrés en la calidad de las relaciones sexuales

Los estudios médicos más recientes confirman que el 70 % de las relaciones íntimas bajo una situación de estrés no han sido satisfactorias. El motivo, según los expertos, es que el estrés no es solo psicológico sino también físico que termina provocando cefaleas, contracturas musculares y cansancio.

La unión de estos factores termina por afectar la libido de forma directa gracias a la bajada de los estrógenos y de los andrógenos que provoca esta situación. En el caso de las mujeres, es posible llegar a sentir un desinterés total por el sexo, así como la falta de lubricación. Los hombres podrían llegar a padecer dolencias como la impotencia, la disfunción eréctil o la eyaculación precoz.

¿Es el sexo una práctica adecuada para aliviar el estrés?

Es lo que suele pensarse, pero no es así. De hecho, pensar de esta manera indica que la relación íntima se considera como una manera de rebajar tensiones. Lo que no se tiene en cuenta es que para tener una relación placentera es necesario que el cerebro comience a adaptarse progresivamente a la necesidad de tener sexo, pero sin obviar la importancia de la intimidad y de la sensualidad.

El problema reside en que, si el estrés provoca la falta de tiempo para tener relaciones y el tenerlas en esta situación no es satisfactorio, el resultado es que se apueste por dejar a un lado este aspecto de la vida lo que afecta la relación de la pareja. Para encontrar la mejor opción a esta situación resulta adecuado analizar su comportamiento antes de buscar una solución efectiva.

¿Cómo saber que se padece estrés?

La frase «estoy estresada» se usa de forma generalizada, pero se podría decir solo cuando se tienen las siguientes sensaciones:

- Tensión muscular.

- Infecciones o enfermedades leves.

- Problemas de tránsito intestinal y del aparato digestivo en general.

- Variaciones en el peso corporal sin explicación lógica.

- Alteraciones de la circulación que provocan mareos, taquicardias o problemas de respiración.

- Idas y venidas emocionales en las que se pasa de la euforia a la tristeza.

- Cansancio crónico.

- Pensamientos negativos recurrentes.

- Problemas de concentración.

- Trastornos del comportamiento como irritabilidad, sensibilidad a la crítica, estar siempre a la defensiva, ausencia de confianza, adicción al trabajo, rechazo a las actividades de ocio y aislamiento, entre otros.

¿Cuándo es conveniente ir al especialista?

Si a los síntomas arriba descritos se les añaden problemas para mantener la erección, falta de lubricación o una pérdida del deseo sexual a pesar de recibir diversos estímulos, sería recomendable acudir a una consulta para que se realice un diagnóstico y se comience el tratamiento más efectivo.

En el caso de las mujeres, suele ser mucho más sencillo dar este importante paso. En el de los hombres no tanto, lo que termina convirtiendo el problema en algo crónico.

Recomendaciones para controlar el estrés

Antes de poner en práctica alguna de las siguientes recomendaciones, es importante acudir a la consulta de nuestro seguro médico para conocer la opinión de un especialista en sexología que determine el tipo de estrés y qué puede hacerse para evitarlo. Entre sus recomendaciones no faltarán las siguientes:

Realizar algún tipo de ejercicio físico. Caminar, nadar, montar en bicicleta o cualquier otra actividad no dejan de ser opciones a tener en cuenta. En primer lugar, porque ayudan a descargar la tensión y a relajar la musculatura. Y, en segundo, porque siempre es positivo mantener la línea y sentir cómo aumenta el atractivo personal.

- Mejorar la dieta. El estrés provoca que el cerebro demande hidratos de carbono, glucosa y todo tipo de grasas para tener el combustible suficiente para seguir adelante. El abuso de este tipo de alimentación genera sobrepeso y empeora el estado de salud. Además, tras cierto tiempo, tener sexo se puede convertir en una actividad mucho más complicada cuando el objetivo final es justamente el contrario.

- No olvidar la importancia de descansar correctamente. El apoyo de un especialista es esencial para corregir el insomnio y conseguir levantarse cada mañana de la mejor forma posible. La desconexión que lleva a cabo el cerebro durante el sueño puede ser el primer paso para lograr superar el estrés.

- No caer en el error de medicarse. La mayoría de medicación para el estrés ha de ser controlada por un psiquiatra. Si se apuesta por el uso de suplementos naturales es posible que se mejore el nivel de estrés y que, como efecto secundario, se consiga una pérdida del deseo sexual. He aquí la importancia de contar siempre con el apoyo médico.

- Olvidarse de la rutina. Cuando se lleva demasiado tiempo en una relación de pareja, es habitual caer en una rutina en la que se practica sexo casi por costumbre. Esto provoca adentrarse en lo mecánico y padecer disfunciones como las ya comentadas. La solución más factible es no repetir los mismos patrones, realizar alguna escapada romántica o, simplemente, afrontar las relaciones de forma totalmente distinta.

Conclusión

Entender que el estrés sí tiene relación con la sexualidad es la mejor manera de comenzar a encontrar las soluciones más efectivas para superarlo.

En caso contrario, se resentirá la relación de pareja, la vida sexual y todo lo relacionado con la sexualidad, dando como resultado el aumento del estrés y el empeoramiento progresivo del problema. Evitarlo es más sencillo de lo que parece siempre que se confíe en un especialista con experiencia probada tanto en la psiquiatría como en la sexología.

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