Introducción

La prevención de la gastritis es una de las mejores maneras de proteger la salud digestiva. Esta dolencia puede llegar a provocar serios daños que, por suerte, se pueden evitar cambiando, de forma progresiva, el estilo de vida. A continuación, se define en qué consiste esta enfermedad y se proporcionan recomendaciones para prevenirla.

¿Qué es la gastritis?

El estómago está recubierto de una mucosa que puede inflamarse provocando molestias de diversa índole. Es conveniente aclarar que esta inflamación es muy concreta y que produce una serie de síntomas que pueden generar cierta confusión con los que cursa la dispepsia (dolor abdominal provocado por otra causa).

Para diagnosticar la gastritis es necesario practicar una gastroscopia y tomar una muestra de la zona afectada para su análisis. Si bien esta enfermedad puede tener diversos orígenes, no es menos cierto que hay una serie de medidas de prevención que han demostrado su efectividad.

¿Cómo prevenir la gastritis?

La alteración de la mucosa es producida en un alto porcentaje de ocasiones por el consumo recurrente de sustancias irritantes. Entre los consejos más eficientes para evitar la aparición de esta enfermedad deberían citarse los siguientes.

Evitar el alcohol y el tabaco

Cualquier bebida alcohólica, por muy poca graduación que tenga, está compuesta por un tóxico que para ser digerido requiere que el estómago deba esforzarse más de lo habitual. El alcohol desencadena la irritación directa del estómago, no es digestivo y su consumo afecta, directamente, a la capacidad de la mucosa estomacal para regenerar el estómago desembocando en la gastritis.

Lo mismo sucede con el consumo excesivo de otras bebidas como los refrescos, el café o el té. Se recomienda combinarlos con leche y limitar su ingesta a una taza al día.

El tabaco es una de las peores opciones para la salud, principalmente porque se piensa que solo genera daños en el aparato respiratorio. Desgraciadamente, cada cigarrillo contiene miles de sustancias tóxicas que terminan lesionando también la mucosa al inflamarla.

Cambiar la dieta y comer de forma más saludable

La gastritis también se puede producir por la ingesta de comida demasiado espaciada. Resulta más recomendable comer 5 veces al día y en pocas cantidades. Es muy adecuado masticar cada bocado un mínimo de veinte veces para facilitar su digestión.

La fruta debe tomarse a media mañana o como merienda. Los platos a consumir han de estar preparados con alimentos no procesados y cada receta no debería combinar demasiados ingredientes, ya que cada uno de ellos se digiere de forma distinta.

Así, se desaconseja el consumo de comida rápida o de platos preparados. De tener que comer en la calle por algún motivo, es más adecuado escoger una ensalada ligera para evitar comer platos con salsas o ingredientes no especificados claramente.

Lo aconsejado es concentrar las comidas más importantes durante el día y cenar de forma ligera para que el estómago pueda recuperarse del esfuerzo de forma más natural y pausada.

En una dieta saludable no deben faltar las carnes magras, el pescado azul y los lácteos. Es esencial cocer, hornear, cocinar a la plancha o al vapor estos ingredientes evitando freírlos. A mayor variedad de alimentos, mayores posibilidades de superar la gastritis.

Moderar el consumo de antiácidos

Como se indicaba al principio, la dispepsia y la gastritis comparten algunos síntomas, pero no son la misma enfermedad. El consumo de antiácidos puede estar recomendado en el tratamiento de la primera de las citadas, pero no en el de la segunda.

Si bien se entiende que la gastritis puede generar una acidez muy elevada, resulta más aconsejable emplear exclusivamente bicarbonato sódico de forma ocasional. Los antiácidos están compuestos por una sustancia que genera una película protectora en el estómago calmando así el dolor. Sin embargo, en combinación con los jugos gástricos pueden causar daños más graves en la mucosa que podrían terminar convirtiéndose en cáncer.

Para esquivar la acidez resulta más eficiente tomar frutas y verduras como la manzana (que contiene pectina, una sustancia idónea para este menester), el pepino o el regaliz puro, pero siempre en dosis pequeñas y respetando la dieta saludable arriba propuesta.

Evitar el estrés y la ansiedad

En la mayoría de las ocasiones, se piensa que estas dos dolencias son exclusivamente psiquiátricas y que no tienen relación alguna con el organismo. En ambos casos, el cerebro también ordena que el cuerpo reaccione protegiéndose ante una posible amenaza.

De hecho, puede llegar a provocar que el estómago aumente la producción de ácidos gástricos, lo que termina originando la gastritis. Es necesario reseñar que la calma mental incide directamente en el funcionamiento correcto del cuerpo.

Si sufrimos un estrés constante es muy adecuado apostar por un estilo de vida mucho más tranquilo que incluya la práctica del yoga, de algún deporte o de sesiones de relajación para eliminar tensiones y problemas como el arriba explicado.

Hidratarse correctamente

A pesar de que los médicos recomiendan beber entre un litro y medio y dos litros de agua al día, no siempre se cumple. Lo más práctico es disponer de una botella de agua, llenarla al principio del día e ir bebiendo poco a poco durante toda la jornada.

La mucosa gástrica se nutre también del agua, por lo que su ingesta puede convertirse en la mejor manera de facilitar su regeneración gradual. A su vez, el agua también facilita el tránsito intestinal y mejora las funciones del aparato digestivo.

Consultar al especialista

Para las enfermedades y su tratamiento, nada mejor que contar con el apoyo, y la opinión, de un especialista en la materia. En caso contrario, se estaría utilizando un diagnóstico que pudiera ser erróneo e impidiendo que la recuperación fuera una realidad. Así, resulta mucho más efectivo someterse a las pruebas necesarias para certificar que se padece gastritis y poner en marcha las medidas de prevención más adecuadas.

Conclusión

Para prevenir la gastritis lo prioritario es cambiar la dieta, evitar el alcohol y el tabaco, no abusar de los antiácidos, equilibrar la mente y someterse a una revisión médica. Por suerte, se trata de una dolencia que, diagnosticada a tiempo, no debería presentar demasiados inconvenientes para la salud del paciente.

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