¿Qué es la psoriasis?

Es una enfermedad crónica inflamatoria autoinmune, caracterizada por acelerar el crecimiento de los queratinocitos de la piel. Como consecuencia, se forman placas enrojecidas y engrosadas en la superficie de la piel. Este tipo de enfermedades no son contagiosas, aunque es importante que sepamos que pueden tener un cierto componente genético heredable. Las personas que la padecen tienen más probabilidad de sufrir también diabetes, artritis y otros trastornos de salud.

¿En qué consiste la artritis psoriásica?

Es un tipo de artritis que afecta a una parte de las personas que padecen psoriasis y su afección incluye manchas rojas con escamas plateadas en la superficie de la piel. Normalmente, antes de que los especialistas de nuestro seguro médico nos diagnostiquen la artritis psoriásica suelen diagnosticarnos psoriasis, pero lo cierto es que los problemas articulares se pueden manifestar antes de apreciar las lesiones de la piel.

Esta inflamación puede ser incapacitante y sucede en aproximadamente el 10 % de las personas con psoriasis, pero en ocasiones podemos padecerla sin que la piel esté afectada. Puede ocasionar daño en cualquier articulación y, por eso, es muy importante que sepamos cómo tratarla y por qué se puede producir.

Síntomas

Al ser una enfermedad crónica, puede degenerar con el paso del tiempo, pero los pacientes pueden tener períodos de mejoría o remisión alternados con épocas de exacerbación. Podemos ver afectadas las articulaciones de los dos lados del cuerpo o solo de uno. Por otro lado, hemos de tener en cuenta que los síntomas y signos se pueden confundir con los de la artritis reumatoide. Para poderla diferenciar, la psoriásica puede acarrear también los siguientes síntomas:

1. Dolor de pie. Este tipo de artritis puede provocar dolor en los puntos en los que los ligamentos y los tendones se unen a los huesos, como en las plantas de los pies, provocando fascitis plantar, o detrás del talón, provocando la tendinitis de Aquiles.

2. Dedos hinchados en pies y manos. Además de dolor, se pueden hinchar. Esta inflamación puede provocar deformaciones en los pies y en las manos antes de que se perciba en las articulaciones.

3. Dolor lumbar. Como consecuencia de esta artritis, puede aparecer espondilitis o espondilitis anquilosante.

4. Diferentes tipos de artritis como pueden ser la artritis mutilante, oligoarticular, simétrica o interfalángica.

Causas

La causa principal está relacionada con el sistema inmunitario. Una respuesta anormal provocará inflamación en las articulaciones, un exceso de células cutáneas y el ataque a los tejidos sanos.

Este ataque a tejidos sanos se puede producir por causas ambientales o genéticas. De hecho, se han descubierto marcadores genéticos que pueden estar relacionados directamente con este tipo de enfermedad. Las personas que tengan esta herencia podrían desarrollarla por una infección bacteriana, viral o un traumatismo físico.

Factores de riesgo

Los tres factores de riesgo más importantes son:

1. Tener psoriasis.

2. Una edad entre 30 y 50 años. Aunque se pueda dar en cualquier persona, es más frecuente en adultos de estas edades.

3. Antecedentes familiares.

Complicaciones

Un pequeño porcentaje de las personas que la padecen también sufren artritis mutilante. Esta enfermedad es una complicación incapacitante muy dolorosa y grave. Con el tiempo, puede destruir los huesos pequeños de las manos, sobre todo de los dedos, y provocar deformidades y discapacidades de forma permanente.

Por otro lado, algunas complicaciones derivadas pueden ser conjuntivitis, irritación en los ojos, dolor, visión borrosa y enfermedades cardiovasculares.

La diferencia principal con el resto de artritis es que afecta de manera asimétrica y que tiene tendencia a lesionar las articulaciones distales interfalángicas. Además, es el único tipo de artritis que puede provocar dactilitis.

¿Cómo se puede diagnosticar?

En primer lugar, y dada la importancia de la herencia genética, hay que averiguar si tenemos antecedentes familiares con psoriasis. Es necesario elaborar una historia clínica adecuada y realizar un reconocimiento físico comprobando si existe dolor, inflamación o sensibilidad en alguna zona. Se debe evaluar la capacidad de movimiento, además, el profesional sanitario se ayudará para el diagnóstico de distintos tipos de técnicas tales como:

- Pruebas en el líquido de las articulaciones. Comprobará si existen cristales de ácido úrico, para diferenciar una posible gota de una artritis de cualquier tipo.

- Rayos X, ultrasonidos o resonancia magnética. Se observarán cambios en cartílagos, huesos y tendones.

- Exámenes de sangre que descarten otras patologías. Cuando se padece artritis psoriásica, se producen inespecíficas alteraciones que corresponden a la inflamación. Los anticuerpos reumatoides suelen tener presencia sanguínea en personas que padecen artritis reumatoide, pero están ausentes en el tipo de artritis que nos ocupa.

Tratamiento 

Para aprender más acerca de este tipo de enfermedades y su tratamiento, debemos saber que no existe una cura como tal para la artritis psoriásica, por lo tanto, los tratamientos están encaminados a paliar la discapacidad y el dolor. Normalmente, se suelen utilizar fármacos como los siguientes:

- Inmunosupresores que inactivan el sistema inmunitario, como la ciclosporina y la aziatropina.

- AINES o medicamentos antiinflamatorios no esteroideos, que alivian la inflamación y el dolor.

- Inhibidores del factor de necrosis tumoral alfa: al ser una sustancia inflamatoria, reducirán la rigidez matinal, el dolor o la inflamación de las articulaciones. Infliximab o etanercept son dos de los medicamentos más habituales.

- Fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad que ralentizarán la progresión de la misma. Algunos de ellos son el metotrexato y la leflunomida.

- Procedimientos quirúrgicos. Son recomendables solo cuando la articulación está muy dañada.

Conclusión

Como conclusión, se puede decir que es realmente importante detectar y diferenciar los síntomas de la artritis psoriásica lo más pronto posible para que se pueda establecer un tratamiento adecuado. Debemos recordar que los síntomas principales de esta artritis son el dolor articular, la hinchazón y la rigidez, por lo tanto, debemos acudir al médico ante la más mínima duda, ya que no existe una cura como tal, pero cuanto antes se controlen los síntomas mejor se podrá prevenir el daño en las articulaciones o incluso su desenlace incapacitante.

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