A la hora de valorar de qué forma es mejor llevar a cabo la alimentación infantil de un niño o de una niña, es común encontrarse con distintos mitos que no son otra cosa que eso, mitos. De hecho, seguirlos a rajatabla no solo es un error, sino que se puede perjudicar la salud de los niños a medio y largo plazo.

Por ello, es conveniente enumerar 5 de los mitos más frecuentes sobre la alimentación y la salud de los niños después de la maternidad.

Primer mito: "Mi hijo es muy especial a la hora de comer"

Es natural que los niños, a partir del año y medio o de los 2 años, empiecen a no querer determinados alimentos por cualquier razón. El error, en este caso, radica en que los padres y madres dan por hecho que dicho alimento no gusta a sus hijos y lo eliminan de la dieta casi inmediatamente.

Es entonces cuando escuchamos que un niño es "tiquismiquis" o "especial" a la hora de comer, pero en realidad no es así. Es más, al restringir estos alimentos de la dieta, lo que se favorece es la predisposición de un niño a preferir alimentos ultra procesados, con la consiguiente pérdida de nutrientes esenciales y un posible inicio de una futura obesidad infantil.

Lo recomendable en estos casos es seguir ofreciendo los mismos alimentos a los niños para que se familiaricen con ellos y acaben por comerlos. Puede que un niño rechace un alimento por su aspecto, como en el caso del brócoli, pero después, al comerlo, se convierta en uno de sus alimentos preferidos.

Segundo mito: "Mi hijo solo come verduras si las escondo en el plato"

No es nada recomendable esconder o camuflar las verduras de nuestros hijos entre otros alimentos. Existe la falsa creencia de que a los niños no les gustan las verduras y solemos camuflarlas entre otros alimentos que gustan más a los pequeños.

Sin embargo, lo que debemos hacer es todo lo contrario. Las verduras (y todos los beneficios que conllevan) deben ser presentadas como tales para que los niños se familiaricen con ellas y sepan qué están comiendo exactamente.

De igual manera, resulta necesario que los padres y madres también comamos verduras y lo hagamos con gusto, ya que los niños tienden a la imitación. Por tanto, lo que debe hacerse en estos casos es presentar la verdura de forma atractiva con recetas divertidas en las que incluso pueden participar los niños, y comerlas disfrutándolas para que los hijos se den cuenta pronto de todo lo que estos alimentos pueden aportar a su nutrición.

Tercer mito: "Si te portas bien, te doy una galleta"

Esta simple frase participa directamente en un grave problema de salud pública como es la obesidad infantil. Recompensar a los hijos con snacks es un error que debemos evitar a toda costa. Es cierto que los padres y las madres se preocupan por las comidas principales del día, pero dejar de lado el picoteo y las comidas entre horas es todo un descuido.

Las galletas, chocolatinas y los alimentos similares son ultra procesados que vienen cargados de aditivos, colorantes y, sobre todo, de azúcar procesado. No solo estos productos, sino también los zumos industriales. Ofreciendo un par de zumos comprados a un niño ya excedemos la cantidad diaria recomendada de azúcar que se debería tomar.

En lugar de esto, el mejor consejo es dejar a la vista alimentos saludables y que puedan ser aptos para picar entre horas si el hambre hace acto de presencia. Por ejemplo, dejar el frutero al alcance de todos en la cocina o en el comedor, llenar las primeras filas de la nevera con alimentos que no sean ultra procesados como humus, galletas caseras o bebidas sin azúcares. Así, además de ayudar a la correcta alimentación, fomentamos un espacio de convivencia familiar saludable en cuanto a la comida se refiere.

Cuarto mito: "Hasta que no te termines el plato no puedes jugar"

Obligar a un niño a que se termine siempre todo lo que hay en el plato no es nada recomendable para que su nutrición sea saludable. Con este comportamiento, lo más probable es que estemos reforzando una conducta negativa que puede acarrear problemas como la obesidad.

El papel de todo padre o madre es proporcionar alimentos saludables para elegir, sí, pero obligar a un niño a ingerir una cantidad determinada de comida siempre que sea hora de comer no es el camino más seguro a seguir. Siempre que la comida sea saludable, un niño debería poder escoger qué comer y en qué cantidad hacerlo.

Siguiendo este comportamiento, no solo se podrían evitar los empachos, los dolores de barriga o las dificultades intestinales, sino que los niños podrán interiorizar cuáles son las señales de hambre que experimentan por naturaleza.

Quinto mito: "Mi hijo está gordito porque está muy sano y come de todo"

No hay peor error que autoconvencerse de una cosa que no es buena. En este caso, si un niño o una niña están "gorditos", es porque presentan un exceso de grasa abdominal. Lo único que consiguen los padres que repiten la frase antedicha es seguir alimentando a sus hijos de forma incorrecta.

Si un niño presenta exceso de grasa abdominal, es el mejor momento para tratar de suprimirla. En este sentido, la opción más efectiva es detectar el problema y tratarlo cuanto antes. Con unas simples variaciones en su dieta, el niño estará más sano y prevendrá padecer más trastornos a medida que se vaya desarrollando junto a su sistema digestivo.

Para terminar

Tras la maternidad, decantarse por una buena alimentación infantil, contratar un seguro médico o decidir cómo educar a los niños forma parte del papel que debemos adoptar como padres y madres. Tomar las mejores decisiones en cada uno de los contextos y dificultades contribuirá a que nuestros hijos crezcan sanos, protegidos, autónomos y bien educados en cualquier ámbito. Todo pasa por informarse a conciencia sobre cada aspecto a tener en cuenta y el resto surgirá por sí mismo, con naturalidad.

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